06 Diciembre 2011
Sabah Abu Ghanim arrastra su tabla hacia el agua mientras el sol brilla en la costa del Mediterráneo oriental. El viento se ha levantado un poco, y se espera que el oleaje subirá suficiente, al menos para poder surfear unas olas. Los 25 kms. de costa mediterránea de Gaza son un imán para una población con pocas formas de entretenimiento y una vía de escape a la monotonía de la vida bajo el bloqueo israelí. Un pequeño pero creciente número de surfistas utilizan una variedad de tablas improvisadas, además de algunas enviadas por activistas a través de las fronteras controladas por Israel.
"Tenemos un problema con el equipamiento, pero estos chicos tratan de hacerlo lo mejor posible", dice Mahfouz Kabariti, presidente de la Federación de pesca y deportes acuáticos de Palestina. "...la gente está constantemente sufriendo el asedio, así que necesitan un poco de espacio para sentirse normales. Esto es bueno para su salud mental". Sabah fue instruida por su padre socorrista para utilizar la tabla de surf a los 12 años de edad, una tabla de surf que comparte con otros amigos y familiares.
Las playas de Gaza están a lo largo de uno de los pocos tramos de costa mediterránea sin desarrollar y no hay turistas para llenar el puñado de hoteles frente al mar. A pocos metros de la playa, algunos cafés dirigidos por Hamas atraen a los locales fuera del Ramadán. Existen torres de salvavidas situadas periódicamente a lo largo de la playa, pero no hay señales de advertencia a los nadadores del mayor peligro en la zona: las aguas residuales que llegan a estas playas. Hasta 80 mil litros de aguas residuales se vierten al mar todos los días, provocando diarreas y erupciones cutáneas a los que se atreven a adentrarse en el agua.
Cuatro plantas de tratamiento de aguas residuales no pueden hacer frente a la creciente población en Gaza, de acuerdo con Ewash, un consorcio de ONG internacionales y locales. El continuo bloqueo de Israel impide que los materiales necesarios para el mantenimiento y mejora de las plantas lleguen a Gaza. "La gente debería ser advertida sobre lo peligroso que es el baño en las zonas cercanas a las vertidos de aguas residuales", explica Ghada Snunu, de Ewash. "Pero no es fácil decir a la gente a dejar de nadar. La playa es la única diversión para la mayoría de los habitantes de Gaza".
Después de enfermar anteriormente, Sabah dice que ahora evita las zonas más contaminadas. Pero la mayoría de la gente prefiere el riesgo de enfermedad a renunciar a uno de sus pocos placeres. Su padre, Rajab Aby Ghanim, de 37 años y surfista autodidacta, se siente orgulloso de las proezas de su hija y tiene previsto enseñar también a su otra hija de ocho años de edad, Saja, los placeres del surf. Sin embargo, confiesa tener muchos problemas para que sus hijas hagan surf. Muchas personas le critican. Sabah recibe la desaprobación de algunos habitantes de la Gaza conservadora: "Cuando tenga 16 años y ya sea mayor, mi comunidad no me permite surfear. Es una vergüenza. Voy a seguir surfeando hasta ese momento, y entonces tendré que parar. Será algo triste".
Su madre y sus tías también van a veces a la playa a nadar, si no hay nadie alrededor. Pero si otros bañistas empiezan a llegar, deben salir y volver a casa, para que la gente no hable mal de ellas. Afortunadamente, por ahora, las niñas surfistas de Gaza siguen cabalgando las olas de su playa. Tal y como comenta Sabah: "La gente está orgullosa de nosotras y muchos comentan: Esta es la primera vez que veo a una chica que sabe surfear".
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Cuando tras varios años fotografiando cada sesión y cada ola que cogen tus amigos se te ocurre comentar con uno de ellos...
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El propósito de la película 




